El eco de Tina Gillen no es de este mundo

26.09.2015 – 07.02.2016, Bozar

Bozar recibe estos días a Europalia con Turquía como invitada.  Además, dentro de la sección Focus on Luxembourg, Tina Gillen nos presenta Echo, una pequeña pero intrigante propuesta. Aunque en un espacio inmerecidamente escaso,  esta exposición resulta mucho más atractiva que el resto de programación del museo.   

Las pinturas de la luxemburguesa parten normalmente de estampas encontradas, como postales o fotografías. Cuando ella los transporta a su universo pictórico, éstos sufren un proceso de traslación que los encaja en un mundo entre lo reconocible y lo extraño. Casas y otras construcciones, columpios de parques infantiles y hasta paisajes, todos pugnan por destacar entre la figuración y la abstracción. De esta forma, es la imaginación del espectador la que los ha de descifrar. Aislando realidades de nuestro entorno sobre escenarios indeterminados, la artista nos incita a pensar nuestra relación con el mundo.

Sin embargo, en este Echo, las casas y otros elementos reconocibles parecen haberse desvanecido. Gillen ha optado por ocultar algo más los objetos tras las distintas capas cromáticas que forman el misterioso ambiente de sus cuadros. Logramos quizá vislumbrar un cristal resquebrajado tras el que estalla un rayo en Rain or shine, y un prisma fulgurante en Matterhorn (Prisma). En ambas obras destaca la plasmación de la luz típica de Gillen, representada en una especie de irregular arco iris.

En cualquier caso, la pieza que destaca en la sala de Bozar es Structure. Esta obra, entre escultura, instalación o simple “pintura”, se compone por listeles de madera que se entrecruzan pintados con acrílico en una de sus caras. Se trata de la versión tridimensional del motivo plasmado en el lienzo del mismo nombre. Resultan interesantes los efectos visuales que genera cuando uno recorre la sala buscando distintos puntos de vista del resto de obras.

No sabemos si quizá Tina Gillen se ha cansado de la limitación del plano, pero es evidente su intento de huida de éste. Cada vez más a menudo añade nuevas maderas o volúmenes que dotan de corporeidad el cuadro. Otras veces son las capas de pintura las que parecen desmoronarse dejando entrever el fondo de chapa.

Estas alteraciones formales, junto a la intensa paleta de colores y la ubicación de elementos cotidianos en paisajes irreales dotan a la obra de Gillen de un enigmático atractivo. No podemos dejar de mirar estas misteriosas escenas, como cuando nos embelesamos viendo llover en la oscuridad de la noche. Sin duda, nos quedamos con ganas de más.