Energy Flash: el ritmo electrónico de la revolución

17.06.2016 – 25.09.2016, M_hka

M_hka presenta Energy Flash –  The Rave Movement, una exposición colectiva que se adentra en una de las páginas más relevantes de la historia de la música electrónica y las subculturas juveniles en Europa.

Es evidente que los museos que realmente tienen algo que decir parecen alejarse de los discursos hegemónicos abriendo sus puertas a corrientes filosóficas y artísticas alternativas. Desde el omnipresente enfoque poscolonial hasta la ecología, pasando por las perspectivas de género, realizan un esfuerzo más que necesario por mostrar propuestas que, al menos hasta hace años, siempre se han empujado a los márgenes. Sin embargo, dentro de esta lógica existe también cierta tendencia a despreciar todo aquello excesivamente juvenil o que contenga un componente hedonista, quizá por considerarlo vacío de contenido intelectual. En este sentido, el M_hka de Amberes ha dado un valiente paso otorgando voz a una de las escenas de la música de baile de finales del siglo pasado.

Energy Flash- The Rave Movement es una atrevida radiografía de lo rave, un término para designar al, según el museo, “último gran movimiento juvenil europeo”. Una experiencia cultural gestada en el clima de cambio social y político en Europa a finales de los ochenta y principio de los noventa. Aunque surgida principalmente en Gran Bretaña, Bélgica y Alemania, la rave sufrió una rápida expansión a lo largo del continente. A golpe del beat de la música que iba desarrollándose paralelamente, los jóvenes se identificaban con esta subcultura caracterizada por el deseo de autonomía y la defensa de la tolerancia y las formas de vida alternativas. En definitiva, una juventud huérfana de referentes que en cierto modo no parece distinguirse demasiado de la actual. Como se explica claramente en esta exposición, se trataba de un amplio grupo de la población totalmente desvinculada de las lógicas capitalistas y el creciente empuje neoliberal de los estados.

Estéticamente, la importancia de esta propuesta radicó en la ruptura de fronteras sonoras y el posterior desarrollo de otros estilos de la música techno. Tras el hedonismo y la espontaneidad iniciales, el abuso de drogas y su repercusión mediática espolearon el acecho de las autoridades. Así que, como era de esperar, a mediados de los noventa los gobiernos europeos llevaron a cabo distintas legislaciones con el fin de criminalizar esta especie de “comunismo del baile”.

Tomando prestado el título del libro del crítico musical Simon Reynolds, Energy Flash junta una serie de obras con un buen montón de material audiovisual y otros dispositivos originales de la época. Podemos encontrar discos emblemáticos, fotografías, ropa y cartelería que recogen un fidedigno testimonio de la eclosión rave. De hecho, junto a los elementos de archivos oficiales, son de gran interés los vídeos grabados por los propios participantes de las raves o fiestas ilegales mediante las cuales se generó la verdadera articulación del movimiento. Si bien hay cierta limitación en el plano meramente expositivo, es más que loable la labor de investigación por parte del museo y la primera contextualización del fenómeno no sólo en lo musical, sino en la vertiente política y social.

M_hka parece querer apuntarse un buen tanto al organizar la primera exposición de un museo basada íntegramente en la rave y, según ellos, sus condicionantes sociales, políticos, ideológicos y tecnológicos. Sin embargo, lo cierto es que la pomposidad de esta declaración de intenciones se tambalea cuando intentamos discernir entre tanto material un análisis de esos condicionantes. Se muestra con cierta claridad el choque que se produjo entre esta subcultura con los sistemas de control neoliberales, pero por lo demás el resto de análisis resulta bastante somero.

No obstante, el diseño y montaje de la muestra resulta atractivo en su bipolaridad entre la mera documentación y la exhibición de obras de variada tipología. Quizá puede resultar un ambiente excesivamente ruidoso pero entendemos que este caos acústico va en sintonía con la temática. Entre los artistas participantes encontramos una notable disparidad de trayectorias y propuestas. Por un lado destaca la vinculación entre la cultura popular y lo plástico de gente como Jeremy Deller y Matt Stokes; el primero con su gráfico a modo de mapa de ideas donde conecta el acid house y otros estilos de música electrónica con sus condicionantes sociales y políticos, y el segundo con sus instalación formada por módulos de madera y grandes altavoces. Otros nombres destacables podrían ser Gursky con una de sus impresionantes y abigarradas fotografías; Mark Leckey, que aporta un videoclip y una película a base de grabaciones en fiestas de la época; Cory Arcangel invitando a la interacción en una instalación difícil de localizar por lo confuso del montaje y que permite al público escuchar discos, o el belga Jef Cornelis con otro video que indaga en el lado más esotérico del trance de las pistas de baile.

Una de las obras más interesantes es sin duda la de Dan Halter, nacido en Zimbabue y residente en Ciudad del Cabo. En Untitled (The Zimbabwean Queen of Rave), un punzante video con un montaje resultón, Halter combina su historia personal con el hito que supuso el número uno del hit dance Everybody’s Free (To Feel Good) de Rozalla durante los últimos años de apartheid. No podemos olvidar tampoco la propuesta de la española Irene de Andrés, con unos poéticos vídeos que, entre la melancolía y la crítica velada, reflexionan en torno a la gloria y el ocaso de ciertos clubs de su Ibiza natal.

Como punto final cabe volver a remarcar el esfuerzo de M_hka acercándose a este fenómeno. En este proceso de redefinición que se autoimpone la institución museo, debería ser casi prioritaria la programación alrededor de temas alejados de lo establecido, incluyéndose aquí también las subculturas de la juventud. Aunque debe seguir cumpliendo su papel de cronista de la corrientes artísticas e ideológicas de la contemporaneidad, cada vez se le supone más una vinculación con la realidad social y política. La idea es ir más allá del mero testimonio y superar la función meramente expositiva para servir de foro aglutinador de los distintos relatos no oficiales.